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El sector neozelandés del cannabis medicinal lucha por satisfacer la demanda

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El sector del cannabis medicinal en Nueva Zelanda se está expandiendo rápidamente, pero ahora se enfrenta a importantes dolores de crecimiento. Aunque el acceso de los pacientes se ha disparado desde el lanzamiento del programa de cannabis medicinal en 2020, las empresas advierten de que los bloqueos normativos y la escasez de suministro podrían amenazar la viabilidad del mercado.

Crecimiento explosivo de las prescripciones

El crecimiento del cannabis medicinal en Nueva Zelanda ha sido poco menos que espectacular. Según datos oficiales, «el número de productos de cannabis medicinal dispensados ha pasado de 4.875 en 2020, cuando se puso en marcha el programa, a 265.731 en 2025».

Este aumento exponencial refleja tanto una creciente aceptación entre los pacientes como una mayor disposición de los profesionales sanitarios a recetar medicamentos a base de cannabis. Desde 2020, se han aprobado más de 80 productos, incluidos 25 nuevos solo en 2024.

Inicialmente dependiente de las importaciones, el país dio un gran paso en 2022 al autorizar el cultivo nacional, con el objetivo de reforzar las cadenas de suministro y reducir la dependencia de los productores extranjeros.

A pesar de estos avances, el sector se enfrenta ahora a un problema crítico: la escasez de productos. Clínicas y proveedores denuncian que estas interrupciones del suministro afectan a miles de pacientes, obligándoles en ocasiones a cambiar bruscamente de tratamiento.

Waseem Alzaher, Director Gerente de Cannabis Clinic, subraya la magnitud del problema: «Porque lleva a interrumpir el tratamiento y nos obliga a cambiar a los pacientes a otros productos»

Estas interrupciones son especialmente problemáticas en un contexto médico, donde la continuidad del tratamiento es esencial. Estos desabastecimientos no son incidentes aislados, sino que parecen reflejar limitaciones sistémicas dentro del marco regulador actual.

Los obstáculos reglamentarios frenan el desarrollo del sector

Los agentes del sector afirman que la regulación es actualmente uno de los principales obstáculos al crecimiento. Una de las cuestiones que se plantean con frecuencia se refiere a las estrictas normas de caducidad impuestas a determinados productos. Mientras que formulaciones idénticas pueden permanecer estables hasta un año en otros mercados, la normativa neozelandesa las limita a veces a sólo tres meses.

Según Alzaher, «la legislación es un obstáculo y no tiene sentido», sobre todo cuando complica la planificación de las importaciones y la gestión de las existencias.

Otros cuellos de botella son los largos procesos de aprobación de productos, las complejas normas de calidad y la limitada flexibilidad para aumentar la producción o las exportaciones. Estas limitaciones impiden a las empresas reaccionar con rapidez a las fluctuaciones de la demanda.

El entorno normativo también crea presiones financieras para los operadores. Las empresas han realizado grandes inversiones en infraestructura para cumplir los estrictos requisitos de conformidad, sólo para ver que el mercado despega más lentamente de lo esperado.

Vicky Taylor, Directora General del Grupo Helius, explicó: «Nosotros no fabricamos cereales para el desayuno, cultivamos una planta y la procesamos en condiciones muy reguladas con rigurosos requisitos de ensayo, lo que lleva tiempo»

Los elevados costes de explotación, combinados con la ineficacia de la cadena de suministro, están llevando a algunas empresas al borde del abismo.

Gobierno abierto a la reforma

Las autoridades reconocen los retos, pero sostienen que el marco regulador pretende lograr un equilibrio entre la seguridad de los pacientes y la viabilidad de la industria. Las autoridades afirman que mantienen contactos periódicos con las partes interesadas y siguen aprobando nuevos productos.

David Seymour, Ministro de Regulación, se ha mostrado dispuesto a adaptar las políticas: «Estoy dispuesto a estudiar cómo podemos mejorar la regulación también para el mercado interior; animo a los proveedores a que se pongan en contacto con el Departamento de Regulación para exponer sus preocupaciones.»

Hasta ahora, los esfuerzos se han centrado sobre todo en optimizar los procedimientos de exportación, con una reducción de los plazos de concesión de licencias a más de la mitad desde 2023. Pero en el mercado nacional, los profesionales del sector piden ahora reformas más rápidas y concretas. Para los pacientes, lo que está en juego es crucial: el acceso a tratamientos estables, eficaces y continuados a base de cannabis sigue estando estrechamente ligado a la capacidad de adaptación del marco regulador.

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