François Thierry, ex director de la Oficina central de represión del tráfico ilícito de estupefacientes (OCRTIS), ha sido condenado por el tribunal de primera instancia de Burdeos a un año de prisión con suspensión de pena por complicidad en tráfico de drogas y destrucción de pruebas.
François Thierry estaba siendo juzgado tras la incautación de siete toneladas de resina de cannabis en París en 2015. La fiscalía había pedido la absolución, lo que indica el malestar que rodea a una de las operaciones contra el narcotráfico más controvertidas de la última década.
Una «entrega controlada» que se convirtió en escándalo
El caso se originó en una operación presentada inicialmente como un éxito: en octubre de 2015, agentes de aduanas descubrieron 7,1 toneladas de cannabis ocultas en el interior de tres furgonetas aparcadas en el bulevar Exelmans, en el 16º arrondissement, un barrio de lujo de París. En su momento, la incautación fue saludada como un duro golpe a las redes de traficantes.
Pero la operación no tardó en plantear serios interrogantes. Los investigadores descubrieron que el envío estaba relacionado con una «entrega controlada», una técnica policial que permite que la droga circule temporalmente bajo vigilancia con el fin de desmantelar redes situadas más arriba.
En lugar de conducir a un desmantelamiento completo, la operación degeneró. El tribunal consideró que el viaje de la droga a través del territorio francés no había sido debidamente supervisado y que François Thierry no se había coordinado con otros servicios una vez que se perdió el rastro del cargamento cerca de Villeurbanne, en la región de Lyon.
«Usted sabía que estaba facilitando una operación de narcotráfico»
La presidenta del tribunal, Catherine Bonnici, juzgó duramente el papel del antiguo alto directivo. Dirigiéndose directamente a Thierry, le dijo «Usted sabía que facilitaba una operación de tráfico de drogas»
El tribunal le declaró culpable de complicidad en el tráfico de drogas y destrucción de pruebas, lo que supuso un importante giro de 180 grados respecto a la postura de la fiscalía. Los fiscales habían argumentado que Thierry, aunque responsable de lo que describieron como un innegable «fiasco», no se había beneficiado personalmente de la operación ni había participado deliberadamente en el tráfico.
Pero los jueces adoptaron una interpretación más estricta, destacando las acciones realizadas «fuera del marco legal», en particular la forma en que Thierry supuestamente había obstruido otras investigaciones y ocultado un teléfono utilizado para comunicarse con un informador.
En el centro del caso está la relación de Thierry con Sofiane Hambli, descrita como su «informante de oro». Hambli, traficante afincado en Mulhouse, desempeñó un papel clave en los acontecimientos que condujeron a la incautación.
Actualmente detenido en Marruecos y ausente del juicio, Hambli fue condenado en rebeldía a 20 años de prisión, con una pena mínima obligatoria de dos tercios. El tribunal lo describió como el «único cerebro» de la operación, reforzando la narrativa de una red criminal que manipulaba a las fuerzas del orden.
El caso en su conjunto implica al menos 15 toneladas de hachís importadas de Marruecos a través de España, la mayoría de las cuales, por tanto, han «desaparecido».
Una carrera policial sacudida pero no destruida
François Thierry, de 58 años, ya había sido objeto de sanciones administrativas en el pasado, aunque al parecer conservaba el apoyo de una parte de la jerarquía policial. Retirado del mando operativo, ahora dirige la unidad de transformación digital de la Policía Nacional.
Anteriormente había sido absuelto en Lyon, en 2024, en un caso relacionado con la detención ilegal del mismo informador. Su abogada, Angélique Peretti, ha anunciado su intención de recurrir, lo que sugiere que el caso podría no haber terminado todavía.
Para las fuerzas del orden francesas, el caso Thierry sigue siendo un raro ejemplo público de la difusa línea que separa las tácticas encubiertas de la complicidad, y un recordatorio de que las incautaciones de discos son más una operación de comunicación vinculada al fracaso de la prohibición que un verdadero éxito frente al tráfico.