El nuevo marco normativo, establecido por la Agencia Reguladora de la Industria del Cáñamo y el Cannabis Medicinal (ARICCAME) mediante la resolución 69/2026, amplía las normas que antes se centraban principalmente en las semillas, los cereales y las fibras. Ahora abarca las flores de Cannabis sativa, la biomasa y cualquier otro material vegetal cosechado destinado a aplicaciones médicas, nutricionales, cosméticas, veterinarias, industriales y de investigación.
Esta medida marca la última etapa de un proceso regulatorio que Argentina ha puesto en marcha desde la legalización del cáñamo industrial y el cannabis medicinal en 2022.
Cuatro tipos de licencias para el sector del cáñamo en Argentina
En el marco del nuevo sistema, la ARICCAME ha definido cuatro categorías de licencias que abarcan el cultivo, la fabricación, los servicios asociados y el comercio exterior.
Las licencias tendrán una validez de cinco años, pero deberán someterse a una validación anual. Los productores también deberán cumplir una serie de requisitos relativos a las prácticas agrícolas, las infraestructuras, los análisis de laboratorio, la identificación de lotes y la trazabilidad.
La normativa prevé cierta flexibilidad cuando los cultivos superen el límite nacional del 1 % de THC. Las muestras con un contenido de THC comprendido entre el 1 % y el 2,5 % podrán ser objeto de análisis adicionales y de un examen administrativo, en lugar de considerarse automáticamente una infracción de la normativa.
Por su parte, las licencias de comercio exterior abarcan la importación y la exportación de cáñamo hortícola seco y de materiales de referencia. Otros organismos gubernamentales seguirán supervisando los requisitos relacionados con las aduanas, la alimentación, los productos farmacéuticos, los controles sanitarios y la fitosanidad.
Para las empresas interesadas en las flores y la biomasa, la importancia de esta medida es, ante todo, normativa: las actividades que antes carecían de un marco comercial suficientemente claro cuentan ahora con un sistema de licencias específico.
Un marco implantado progresivamente desde 2022
La política actual de Argentina se deriva de una legislación aprobada en 2022, cuando el país estableció un marco jurídico para el cáñamo y el cannabis medicinal.
Al año siguiente, los reglamentos de aplicación fijaron oficialmente en un 1 % de THC el umbral de separación para el cáñamo industrial. Este umbral es superior a la norma del 0,3 % utilizada históricamente en varios mercados internacionales.
También en 2023, Argentina puso en marcha oficialmente la ARICCAME, encomendándole a esta agencia la responsabilidad de regular las actividades a lo largo de toda la cadena de producción, incluyendo el cultivo, la fabricación, la comercialización, las importaciones y las exportaciones.
En aquel momento, el Gobierno presentó el cáñamo y el cannabis medicinal como fuentes potenciales de desarrollo industrial, investigación, empleo y exportaciones. Sus ambiciones abarcaban usos que iban desde las fibras alimentarias y textiles hasta los materiales de construcción, pasando por la celulosa, los bioplásticos, los cosméticos y los productos veterinarios.
La investigación constituía otro pilar de esta estrategia. El Ministerio de Ciencias de Argentina anunció una financiación de más de 106 millones de dólares para 13 proyectos de investigación y desarrollo relacionados con el cannabis, mientras que el Gobierno también creó Cannabis Conicet con el fin de apoyar el desarrollo tecnológico en este sector.
No obstante, el marco normativo distingue el cáñamo industrial de otras actividades relacionadas con el cannabis. En concreto, la transformación del CBD sigue sujeta a restricciones específicas heredadas de un decreto de 2020 que regula el acceso a los productos médicos a base de CBD y THC.
Un camino más claro para las flores y la biomasa
La resolución 69/2026 se inscribe, por tanto, en la prolongación de un marco normativo establecido a lo largo de varios años.
Al incluir explícitamente las flores de cáñamo y la biomasa, Argentina amplía la gama de materiales vegetales que pueden incorporarse a los circuitos comerciales regulados y apunta a los mercados internacionales.