El debate en torno a la legalización del cannabis en Alemania continúa dividiendo el panorama político, pero una voz clave pide cautela ante un posible retroceso: la de la propia policía.
Mientras que algunos miembros del partido conservador CDU han pedido la derogación total de la Ley de Consumo de Cannabis (KCanG), el Sindicato Alemán de Policía (GdP), retransmitido en particular por el Hanfjournal, adopta una postura más matizada, criticando la ley pero advirtiendo contra su eliminación total.
Una ley «imperfecta» con intenciones loables
Según Alexander Poitz, vicepresidente federal del GdP, el marco actual que regula el cannabis recreativo dista mucho de ser perfecto. Describe la KCanG como una «ley imperfecta», explicando las lagunas en su aplicación y los retos que plantea para el cumplimiento de la ley.
Sin embargo, Poitz también reconoce que los objetivos iniciales de la ley siguen siendo legítimos. La intención de regular el consumo, reducir el comercio ilícito y mejorar la seguridad pública es ampliamente comprendida, incluso dentro de las filas policiales. El problema, argumenta, radica en la forma en que se han aplicado estos objetivos.
Desde el punto de vista policial, muchas de las normas introducidas por el KCanG son difíciles de aplicar y no se han diseñado teniendo suficientemente en cuenta las realidades operativas. Esto ha generado confusión entre las autoridades y ha añadido más presión a unos recursos ya de por sí escasos.
Un sistema que corre el riesgo de reforzar el mercado negro
Una de las principales críticas planteadas por el GdP se refiere a la estructura del modelo de legalización parcial en Alemania. Al depender principalmente del cultivo casero y de los clubes de cannabis, el sistema no ha logrado proporcionar una oferta legal suficiente para satisfacer la demanda.
Como resultado, el mercado negro sigue prosperando y quizás incluso se ha fortalecido indirectamente. Según Poitz, el aumento del consumo, el incremento de los límites de posesión y la aparición de nuevos grupos de consumidores contribuyen a la persistencia de las actividades ilegales.
Esta paradoja pone de manifiesto un punto débil del planteamiento alemán: sin unos canales de venta al por menor accesibles y regulados, los consumidores tienen pocas opciones legales. La brecha entre la oferta y la demanda beneficia inevitablemente a los operadores ilícitos.
Por qué una derogación total podría volverse en nuestra contra
A pesar de estas deficiencias, el GdP se opone claramente a una revocación completa de la legalización del cannabis. Para el sindicato, una medida así no sólo echaría por tierra los avances logrados hasta ahora, sino que además correría el riesgo de devolver todo el mercado a las redes ilegales.
Poitz advierte de que la derogación de la ley equivaldría a una forma de «capitulación» por parte del Estado, dejando de nuevo al mercado negro como único proveedor. En este escenario, todos los esfuerzos por regular el consumo, mejorar la seguridad y controlar la distribución serían en vano.
En lugar de derogar la ley, el GdP aboga por introducir ajustes, en concreto, la introducción de un mercado más estructurado y controlado por el Estado. Esto incluiría puntos de venta autorizados, cadenas de suministro reguladas y normas más claras para la producción y la distribución.
Según el sindicato, este modelo resolvería varios problemas a la vez. Ayudaría a reducir la influencia del mercado negro, garantizaría la calidad de los productos mediante inspecciones y mejoraría la trazabilidad a lo largo de la cadena de suministro. Además, podría generar ingresos fiscales y aliviar la carga de las fuerzas del orden al reducir las infracciones menores.
Al mismo tiempo, la policía subraya que el marco actual ya implica nuevas responsabilidades. Los controles de seguridad vial, las campañas de prevención y la aplicación de complejas normas de consumo exigen recursos considerables.
Tras la legalización de 2024, la atención ya no se centra en debates ideológicos, sino en cómo conseguir que esta legalización sea un éxito.