En Mauricio, el tema del cannabis vuelve a estar de actualidad.
En el centro de esta reflexión se encuentra la Agencia Nacional de Control de Drogas (NADC), encargada de orquestar un marco técnico de análisis.
La agencia ha creado un Grupo de Trabajo Técnico sobre la Reforma del Cannabis, que reúne a instituciones clave como la Oficina Jurídica del Estado, la Comisión Nacional de Derechos Humanos e incluso un laboratorio forense y expertos académicos, con el objetivo de definir cómo podría estudiarse colectivamente una posible reforma.
El presidente de la NADC y del grupo de trabajo, Kunal Naik, quiso aclarar la filosofía del proceso:
«Hoy celebramos la primera reunión del Grupo de Trabajo Técnico sobre la Reforma del Cannabis, que yo mismo presido. Esta reunión nos permite desarrollar una metodología de trabajo, establecer un calendario para las próximas semanas y meses, identificar las tareas a realizar y asignar mentores.»
El enfoque adoptado se basa en un análisis basado en la evidencia, que integra las dimensiones sanitaria, social, económica y jurídica. Por el momento, no se favorece ningún modelo, y el marco jurídico existente, regido por la Ley de Drogas Peligrosas, sigue plenamente vigente.
Tres escenarios sobre la mesa, sin decisión preestablecida
La reflexión institucional gira en torno a tres opciones distintas: despenalización, descriminalización (sí, hay diferencia entre ambas) y legalización. Cada una de ellas es objeto de análisis específicos, sobre todo en términos de impacto sanitario, cumplimiento de los compromisos internacionales y viabilidad jurídica.
Para reforzar la credibilidad del proceso, el NADC ha iniciado intercambios con organizaciones internacionales como la UNODC y la OMS, al tiempo que trabaja con la Fiscalía General para anticipar las implicaciones legislativas de un posible cambio de política. El objetivo declarado es elaborar recomendaciones equilibradas capaces de informar a los responsables políticos sin prejuzgar el resultado político.
Paralelamente al trabajo institucional, la sociedad civil se propone desempeñar su papel. Así, la organización CURE Mauritius ha propuesto un modelo detallado para la despenalización del cannabis, centrado en la reducción de riesgos y la proporcionalidad de las penas. Su fundador, François Henri, critica los efectos de la prohibición estricta, que asocia a la superpoblación carcelaria y a la estigmatización de los jóvenes, al tiempo que desvía recursos públicos de la lucha contra el tráfico organizado.
Su propuesta se basa en una clara distinción entre consumo personal y delitos graves, al tiempo que mantiene una línea firme contra la venta, la distribución, el consumo por menores o la conducción bajo los efectos del alcohol. El enfoque preconizado pretende ser compatible con la Constitución, en particular con el derecho a la intimidad, y se inspira en experiencias internacionales llevadas a cabo en Sudáfrica, Brasil o Portugal, a menudo citadas por sus comisiones disuasorias orientadas a la asistencia más que al castigo penal.
Una reforma vista como un proceso, no como un gran avance
En el discurso oficial, como en las propuestas ciudadanas, hay consenso en un punto: cualquier cambio relativo al cannabis en Mauricio debe ser gradual, enmarcado y debatido.
Las autoridades reiteran regularmente que no se trata de una señal política fuerte ni de un anuncio de legalización, sino de un proceso de reflexión en profundidad, en el que participen expertos, instituciones, ONG y la sociedad civil.
Las conclusiones de este trabajo deberían servir de aportación a la Comisión Nacional de Drogas, que informa al Primer Ministro, antes de que se tome ninguna decisión gubernamental. Hasta entonces, el debate se construye paso a paso, en un delicado equilibrio entre prudencia normativa, imperativos de salud pública y aspiraciones a una política más coherente frente a las realidades contemporáneas.
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