Cannabis medicinal

Uruguay quiere incorporar el cannabis medicinal a su sistema sanitario

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Uruguay fue el primer país del mundo en regular legalmente todo el sector del cannabis.

Sin embargo, diez años después, el cannabis medicinal aún no ha encontrado su lugar en el sistema sanitario. Su exclusión del Formulario Terapéutico de Medicamentos limita su acceso, mientras que la falta de formación de los profesionales sanitarios y el coste de los tratamientos frenan su desarrollo.

Un sistema que sigue a la espera de una integración completa

A pesar de que el marco normativo lleva diez años en vigor, los medicamentos a base de cannabis siguen sin estar cubiertos por el sistema sanitario uruguayo. Su precio suele oscilar entre 5 000 y 9 000 pesos uruguayos (200 euros), un coste que sigue siendo prohibitivo para una parte de los pacientes.

Aunque algunas instituciones públicas, como el hospital Pereira Rossell y el BPS (Banco de Previsión Social), ofrecen tratamientos gratuitos, la mayoría de los pacientes del sector privado deben asumir la totalidad o parte de los gastos.

Solo dos aseguradoras privadas (Casmu y la Asociación Española) ofrecen clínicas especializadas en terapias a base de cannabis, aunque, también en este caso, sigue siendo necesaria una participación en los gastos.

Al mismo tiempo, los productos no regulados se han convertido en una alternativa muy extendida. Estos preparados son considerablemente más baratos, pero no están sujetos a ningún control de dosificación, no cumplen ninguna norma de calidad y no cuentan con ninguna autorización oficial del Ministerio de Sanidad, lo que suscita inquietudes entre los especialistas en cuanto a su seguridad y eficacia.

Evidencia clínica y uso en la práctica

A pesar de estas limitaciones estructurales, el uso terapéutico del cannabis se sustenta en una evidencia clínica cada vez más amplia. Las indicaciones más sólidas se refieren a la epilepsia refractaria, las náuseas y los vómitos relacionados con la quimioterapia, la espasticidad asociada a la esclerosis múltiple y ciertas formas de dolor neuropático.

En la práctica, son los dolores crónicos los que predominan en la demanda de los pacientes. Afecciones como la fibromialgia, los dolores osteoarticulares, las migrañas y las cefaleas persistentes representan una parte importante de las consultas.

Un estudio de 2023 publicado en la Revista Médica del Uruguay reveló que los tratamientos a base de cannabinoides mejoraban la calidad de vida de los pacientes que padecían dolores crónicos no oncológicos. También se observó una reducción del 15,7 % en el consumo de opioides, el 8,3 % de los pacientes había dejado por completo su tratamiento con opioides, así como una disminución del 23,2 % en el consumo de AINE.

«A menudo se trata de personas que toman varios medicamentos y aún así no logran encontrar un alivio suficiente», explicó Galzerano refiriéndose a los pacientes que acuden con mayor frecuencia.

Los pacientes con cáncer y las personas que necesitan cuidados paliativos constituyen el segundo grupo más importante de usuarios; a menudo recurren a tratamientos a base de cannabis cuando las opciones convencionales resultan insuficientes.

Inercia institucional

El Comité Consultivo Técnico sobre el Cannabis Terapéutico ha presentado recientemente una tercera solicitud para incluir estos tratamientos en el Formulario Terapéutico de Medicamentos (FTM). Las dos anteriores habían sido rechazadas por el Ministerio de Sanidad.

En la práctica, el acceso al cannabis medicinal sigue dependiendo en gran medida de los recursos económicos de los pacientes y de la disponibilidad de médicos formados para prescribirlo.

Otro obstáculo señalado por los especialistas es la falta de formación de los médicos. De los aproximadamente 7 300 médicos que hay en el país, solo unas pocas decenas cuentan con experiencia formal en terapias a base de cannabinoides, en particular dentro de la Sociedad Uruguaya de Endocannabinoidología (SUEN).

Como explica Julia Galzerano, internista y figura destacada en este ámbito: «Nosotros, los médicos, tenemos los mismos prejuicios que el público en general. Nos han enseñado a creer que el cannabis es una sustancia que da lugar a abusos y no una herramienta terapéutica»,

Para subsanar esta carencia, el Colegio de Médicos de Uruguay ha puesto en marcha recientemente un curso en línea sobre el cannabis medicinal. La demanda ha superado con creces las expectativas: se han presentado 110 solicitudes para solo 50 plazas disponibles, lo que pone de manifiesto tanto el interés de los profesionales como la falta de formación estructurada.

Julia Galzerano señala que los avances siguen siendo lentos debido a múltiples factores: una formación universitaria insuficiente, un compromiso limitado por parte de los actores farmacéuticos y la falta de difusión sistemática de los protocolos terapéuticos.

Sin una integración oficial en el sistema de salud pública, es probable que el acceso siga siendo desigual.

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