Un pequeño invernadero de 100 m² en el puerto de Gante alberga un cultivo poco habitual: cáñamo para extraer PFAS de suelos muy contaminados. Anunciado como una primicia europea, lo cual no es del todo exacto, este proyecto piloto intentará comprobar si la fitorremediación puede ofrecer una alternativa evolutiva a los métodos convencionales de remediación de suelos.
Las PFAS (sustancias per- y polifluoroalquiladas), a menudo denominadas «sustancias químicas eternas», son compuestos persistentes relacionados con enfermedades como el cáncer, la obesidad y la endometriosis. Según un informe reciente elaborado para la Comisión Europea, el 100% de la población belga vive en una zona de alto riesgo de PFAS, incluido el 20% en zonas de muy alto riesgo. El coste estimado de la limpieza y las consecuencias sanitarias asociadas podría alcanzar al menos los 330.000 millones de euros, incluso en la hipótesis más optimista.
Un experimento controlado de fitorremediación
Las técnicas tradicionales de remediación suelen consistir en excavar y lavar el suelo contaminado. Estos métodos sólo eliminan parcialmente la contaminación y generan grandes volúmenes de residuos inservibles destinados a vertederos. El consorcio que respalda el proyecto piloto de Gante pretende ir más allá de este planteamiento de «final de tubería».
En su lugar, el proyecto se basa en la fitorremediación, que utiliza plantas y microorganismos para eliminar de forma natural los contaminantes. En un invernadero totalmente cerrado y climatizado, se tratan ex situ 100 m³ de suelo contaminado con PFAS. El suelo se excava, se traslada al invernadero y se cultiva con cáñamo industrial combinado con aditivos específicos.
Estos aditivos están diseñados para ligar o movilizar los PFAS, estimular la vida microbiana y mejorar la estructura del suelo. El cáñamo, un cultivo de crecimiento rápido, de raíces profundas y no psicoactivo, produce biomasa al tiempo que absorbe los PFAS del suelo. Sólo la biomasa cosechada, que contiene los contaminantes acumulados, sale del sistema cerrado para su eliminación segura.
El propio invernadero está diseñado para ser muy preciso. El riego, la temperatura y la iluminación están estrictamente regulados, mientras que una aplicación mide continuamente la humedad del suelo y los niveles de CO₂. El agua de lluvia se recoge y se reutiliza, evitando cualquier escorrentía contaminada.
Para perfeccionar la metodología, el invernadero se divide en dos compartimentos independientes pero idénticos. Cada sección ensaya condiciones de tratamiento diferentes, lo que permitirá la comparación directa y la identificación de la estrategia de remediación más eficaz.
Las autoridades públicas están muy atentas
El ministro flamenco Jo Brouns asistió a la presentación del proyecto y sembró simbólicamente las primeras semillas de cáñamo. «Se trata de una solución potencial para limpiar el suelo que contiene PFAS. Sabemos que hoy en día están omnipresentes en los suelos flamencos y estamos buscando nuevas formas de remediar estos suelos», declaró.
Para los socios industriales, la ambición está clara. «Los PFAS son uno de los mayores retos actuales en la rehabilitación de suelos, tanto en Bélgica como en el extranjero. Al unir fuerzas con C-ground y C-biotech, estamos explorando una alternativa sostenible y escalable que ofrece perspectivas prometedoras para futuros proyectos», declaró Maarten Taelemans, Director General de la OVMB.
Herman Backaert, Director de Innovación de C-ground, hizo hincapié en las ventajas de un sistema cerrado, destacando su capacidad para probar la remediación de PFAS «de forma controlada, segura y acelerada, con el objetivo último de la reutilización completa del suelo». Ingmar Nopens, director gerente de C-biotech, añadió que ninguna técnica por sí sola puede tratar todos los casos de contaminación por PFAS, argumentando que los enfoques ex situ son esenciales cuando la excavación es inevitable.
Cáñamo industrial más allá de los usos tradicionales
Para C-biotech, miembro del Grupo Cordeel, el proyecto también ilustra el potencial medioambiental más amplio del cáñamo industrial. Esta planta, que ya se utiliza en materiales de construcción de base biológica, es objeto de un número creciente de estudios debido a su capacidad para absorber metales pesados y otros contaminantes. Su aplicación a la remediación de PFAS sigue siendo experimental, pero el invernadero de Gante ofrece un entorno estrechamente vigilado en el que evaluar su eficacia y sus límites.
Si tiene éxito, los socios pretenden ampliar el proceso a mayores volúmenes de suelo contaminado. En un momento en que la contaminación por PFAS está redefiniendo los debates sobre política medioambiental en toda Europa, el proyecto piloto de Gante sitúa al cáñamo como herramienta técnica en un reto industrial de alto riesgo: restaurar los suelos sin limitarse a trasladar la contaminación de un sitio a otro.
La transición de este modelo de escala piloto a despliegue a gran escala dependerá de tasas de extracción mensurables, viabilidad económica y aceptación normativa. De momento, el invernadero de Gante sirve de campo de pruebas para la futura lucha contra uno de los contaminantes más persistentes de Europa.