A pocos meses de una posible prohibición de numerosos productos cannabinoides derivados del cáñamo, de los que ya os hemos hablado aquí o allí, dos representantes estadounidenses proponen una vía regulatoria específica para las bebidas que contienen THC.
El texto, denominado Beverage Regulatory Parity Act, fue presentado el 10 de agosto por los representantes Beth Van Duyne, republicana de Texas, y Greg Landsman, demócrata de Ohio.
El proyecto tiene por objeto mantener la comercialización de bebidas con bajas dosis de THC derivado del cáñamo, sometiéndolas al mismo tiempo a un marco federal inspirado en el que se aplica a las bebidas alcohólicas. Los productos en cuestión podrían contener hasta 5 mg de THC total por ración y estarían reservados a consumidores mayores de 21 años.
Esta iniciativa se produce cuando el Congreso aún debe decidir el futuro de una nueva definición del cáñamo, aprobada el año pasado y que podría ilegalizar numerosos productos a partir del 12 de noviembre. El Senado ha aprobado recientemente un aplazamiento de este plazo hasta el 11 de diciembre, pero la Cámara de Representantes aún debe pronunciarse.
Un marco inspirado en el modelo del alcohol
El texto prevé la implantación de un sistema de distribución de tres niveles, en el que los fabricantes, distribuidores y minoristas estarán sujetos a autorizaciones federales. Las bebidas también estarían reguladas por la Oficina de Impuestos y Comercio (TTB), el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y el Departamento de Agricultura (USDA).
Los fabricantes deberían cumplir una serie de normas relativas, entre otras cosas, a los análisis, el etiquetado, el envasado y los formatos de venta. Los envases que contengan varias raciones no podrían superar los 750 mililitros.
El proyecto prevé asimismo un impuesto federal de 8 céntimos por miligramo de THC, así como la prohibición de los cannabinoides sintéticos. Solo podrían utilizarse los cannabinoides presentes de forma natural en la planta y cultivados y transformados en Estados Unidos.
Los estados, los territorios tribales y las autoridades locales conservarían la posibilidad de adoptar normas más estrictas que las federales. Sin embargo, no podrían impedir el transporte de estas bebidas a otras jurisdicciones.
Un plazo que preocupa al sector
El proyecto se inscribe en un mercado que ha experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años. Las bebidas con THC derivado del cáñamo se comercializan ya en varios estados y se ofrecen en determinados establecimientos, eventos y cadenas nacionales.
Sin embargo, la incertidumbre normativa se ha acentuado a medida que se acerca el 12 de noviembre. Varios estados han comenzado a adoptar sus propias restricciones. En Ohio, por ejemplo, una reciente modificación de la legislación limita la venta de productos con THC derivados del cáñamo a los comercios de cannabis regulados.
Por lo tanto, los agentes económicos afectados ven en el texto bipartidista una oportunidad para salir de este periodo de incertidumbre. Los representantes del sector de las bebidas alcohólicas también se cuentan entre sus partidarios, ya que consideran que los canales de distribución y los mecanismos de control existentes podrían servir de base para una regulación de las bebidas con THC.
Un apoyo que no cuenta con el consenso general
Los impulsores del proyecto presentan este enfoque como un compromiso entre el mantenimiento del mercado y el refuerzo de los controles. Beth Van Duyne considera, por tanto, que tanto los consumidores como las empresas necesitan normas claras en lugar de una prohibición que podría desplazar la actividad hacia un mercado clandestino.
Greg Landsman, por su parte, destaca las inversiones ya realizadas por empresas de su estado y defiende una normativa que permita mantener su actividad al tiempo que se refuerza la seguridad.
El apoyo de algunos actores de la industria de las bebidas constituye una señal adicional, pero el proyecto no cuenta con el consenso de todo el sector del cannabis. En concreto, algunas organizaciones profesionales han anunciado su oposición a la idea de otorgar un trato especial a las bebidas con THC.
La cuestión ahora es saber si el Congreso de Estados Unidos logrará aprobar un marco específico antes de que entre en vigor la nueva definición federal del cáñamo. Con un calendario legislativo apretado y una Cámara de Representantes que seguirá de vacaciones hasta el 31 de agosto, el futuro de las bebidas con THC queda, por tanto, en gran medida en manos de los debates que se celebrarán en Washington en las próximas semanas.