Después de varias semanas de tensión, la industria francesa del cáñamo CBD ha evitado por los pelos una gran sacudida normativa. El abandono del artículo 23 del Proyecto de Ley de Finanzas de 2026 (PLF 2026), como parte del uso del artículo 49.3 de la Constitución, ha puesto fin, al menos temporalmente, a un conjunto de medidas que amenazaban la existencia misma del sector.
En su versión modificada, este artículo preveía una revisión completa del marco fiscal y comercial del CBD: aumento masivo del IVA, impuestos especiales superiores al 50%, prohibición de la venta en línea y reintroducción de un monopolio virtual para los estancos. Para los profesionales, la factura habría sido insoportable.
Una amenaza considerada existencial por los jugadores
Los sindicatos del sector, encabezados por UPCBD y AFPC, han advertido sistemáticamente de las consecuencias económicas y sociales de estas disposiciones. Según sus estimaciones, su mantenimiento habría provocado el cierre de entre el 90 y el 95% de los comercios especializados, poniendo en peligro entre 20.000 y 25.000 empleos directos e indirectos.
Según los sindicatos, Francia cuenta actualmente con cerca de 2.000 comercios especializados en CDB, en su mayoría VSE y PYME independientes, que garantizan la trazabilidad de los productos, la información al consumidor y el cumplimiento de la normativa sobre la edad. El sector representa unos 1.100 millones de euros en ventas anuales y aporta más de 320 millones a las finanzas públicas.
Para la UPCBD, el abandono del artículo 23 supone un reconocimiento tardío de esta realidad económica.
«Es una victoria del sentido común. Nuestras empresas, la mayoría de las cuales son apasionadas VSE arraigadas en las regiones, podrán por fin invertir, innovar y contratar con tranquilidad», ha declarado Paul MacLean, presidente de la organización.
Un sector agrícola también afectado
Más allá del comercio minorista, la decisión también supone un alivio para el cultivo de cáñamo. En Francia se cultivan cerca de 25.000 hectáreas y unas 1.000 explotaciones dependen del CBD como ingreso complementario. Aunque gran parte del CBD que se consume sigue siendo importado, se ha desarrollado una producción nacional estructurada en torno a la calidad, la trazabilidad y la creación de valor local.
Los sindicatos temían que un impuesto que asimilara las flores de cáñamo a los productos del tabaco restara competitividad a la producción francesa, favoreciendo mecánicamente las importaciones y los canales paralelos, en detrimento de las normas sociales y medioambientales nacionales.
Para AFPC, la supresión del artículo 23 se acoge como «un soplo de aire fresco» tras semanas de incertidumbre. Sin embargo, la asociación subraya que no hay nada definitivamente seguro. El recurso al 49.3, si bien ha permitido anular estas medidas, también ilustra la fragilidad del marco reglamentario del CDB en Francia.
Las organizaciones profesionales no rechazan por principio la regulación o la fiscalidad, pero piden un marco coherente con el perfil de riesgo real del CBD, basado en un IVA claro al 20%, sin impuestos especiales desproporcionados ni asimilación a los productos del tabaco.
Por ahora, la industria del cáñamo CBD puede respirar aliviada. Pero esta victoria conseguida a toda prisa plantea una cuestión central: ¿durante cuánto tiempo se salvará realmente? ¿Podría el próximo presupuesto reabrir la cuestión y poner en peligro este precario equilibrio?