Nueva Caledonia se prepara para dar un giro estratégico a su política agrícola e industrial. Una propuesta legislativa presentada al Congreso de Nueva Caledonia establece una hoja de ruta global para estructurar un sector del cáñamo tropical entre 2026 y 2030, con ambiciones que van mucho más allá de la simple diversificación de cultivos.
En un momento de profunda fragilidad económica, este plan sitúa al cáñamo como palanca de soberanía, salud pública y creación de valor a largo plazo, al tiempo que establece una clara distinción entre los cultivos no psicoactivos y el cannabis ilícito.
Obviamente, la propuesta no crea una regulación inmediata. Más bien establece un marco estratégico para guiar futuros textos legales, autorizaciones, controles y normas. Su objetivo es claro: construir una industria del cáñamo responsable, segura y arraigada localmente, adaptada a las realidades climáticas, económicas y sociales de Nueva Caledonia.
Una respuesta a una recesión económica sin precedentes
El contexto de esta iniciativa es sombrío. En 2024, Nueva Caledonia experimentó una recesión histórica, con una caída del PIB del 13,5%, agravada por los disturbios civiles, el colapso del sector del níquel y la caída de las exportaciones. La agricultura, ya marginal, siguió contrayéndose. En este contexto, el cáñamo se presenta como una herramienta de diversificación urgentemente necesaria.
Según el documento, el mercado mundial del cáñamo, estimado en 9.470 millones de dólares en 2024, podría alcanzar cerca de 48.000 millones de dólares en 2032. Para Nueva Caledonia, la oportunidad no sólo reside en el cultivo, sino también en la transformación local, la producción orientada a la exportación y la sustitución de materiales importados de base petroquímica por alternativas de base biológica.
Dibujar una línea legal clara para el cáñamo
El primer pilar del plan se centra en la seguridad jurídica y sanitaria. La propuesta insiste en una definición inequívoca del cáñamo como Cannabis sativa L. que contiene como máximo un 0,3% de THC, medido mediante análisis HPLC. Por debajo de este umbral, el cáñamo queda explícitamente excluido de la categoría legal de estupefacientes.
El documento también prevé un monopolio público sobre las importaciones, las autorizaciones y la validación de los usos, al tiempo que permite a los operadores privados autorizados llevar a cabo actividades de cultivo, más allá de los experimentos actuales, transformación e innovación bajo una estricta supervisión.
Más allá de la claridad jurídica, el plan presta especial atención a la estructuración agrícola. La producción de cáñamo se organizaría en varios emplazamientos en el norte, el sur y las islas de la Lealtad con el fin de atenuar los riesgos climáticos y favorecer el equilibrio territorial.
Entre las medidas clave figuran:
- Garantías contractuales para los agricultores, incluyendo precios mínimos y volúmenes garantizados
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- La creación de un banco local de semillas, con variedades adaptadas a las condiciones tropicales
- Prácticas estandarizadas de cultivo, recolección, secado y almacenamiento
- Seguimiento agronómico y climático continuo
El objetivo es garantizar una calidad y unos volúmenes constantes, ofreciendo al mismo tiempo a los productores una visibilidad a largo plazo, condición esencial para el desarrollo industrial.
Mantener la creación de valor local
Uno de los principales objetivos de la propuesta es evitar la exportación de materias primas sin transformar. El plan prevé la creación de una herramienta de transformación local, capaz de transformar fibras, semillas, flores y productos intermedios.
Esta infraestructura apoyaría la producción de:
- Materiales de construcción de origen biológico, como el hormigón de cáñamo
- Aceites vegetales y proteínas de semillas
- Extractos no psicoactivos para usos médicos controlados
- Extractos no psicoactivos para usos médicos controlados
- Productos semielaborados destinados a la exportación
Al anclar el procesamiento localmente, el territorio pretende crear empleos sostenibles, reducir la dependencia de las importaciones y desarrollar una experiencia industrial adaptada a los mercados del Pacífico.
Una vía controlada para el CBD y el CBG de uso médico
Una de las secciones más delicadas del plan se refiere al uso médico estrictamente supervisado del CBD y el CBG, actualmente clasificados como estupefacientes. La propuesta rechaza explícitamente cualquier uso recreativo y sitúa los usos médicos bajo una mayor supervisión de la salud pública.
Un Comité Científico definiría las normas de calidad farmacéutica, supervisaría los estudios clínicos piloto y evaluaría las indicaciones terapéuticas adaptadas a las necesidades locales, como la ansiedad, los trastornos del sueño o el dolor crónico. La distribución se limitaría a los canales sanitarios controlados, sin tolerancia para las declaraciones médicas no validadas.
El plan también integra el cáñamo en una estrategia más amplia de salud pública y prevención. El documento destaca los altos niveles de consumo de THC entre adultos y menores en Nueva Caledonia, a menudo vinculados a la violencia y la delincuencia.
Se prevén programas educativos, herramientas de detección precoz e iniciativas comunitarias de prevención para reforzar la distinción entre el cáñamo y las sustancias psicoactivas. El objetivo declarado es reducir las pautas de consumo nocivas y promover al mismo tiempo alternativas no adictivas en un marco médico y educativo.
Una visión de gobernanza a largo plazo
Por último, la propuesta establece un modelo de gobernanza compartida, que reúne a instituciones públicas, provincias, municipios y agentes económicos. Se prevén informes anuales de progreso al Congreso para garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y la adaptabilidad.
La ambición no es a corto plazo. De aquí a 2030, Nueva Caledonia pretende posicionarse como un territorio de referencia para el cáñamo tropical, equilibrando la recuperación económica, la protección de la salud pública y la coherencia institucional.
Como concluye el documento, el reto es triple: soberanía económica, salud y seguridad, y coherencia política.
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