Un nuevo estudio realizado por la Oficina de Gestión del Cannabis (OCM) de Minnesota aporta uno de los conjuntos de datos más importantes hasta la fecha sobre el uso del cannabis medicinal en personas con autismo. A partir de varios años de datos procedentes del programa médico de este estado estadounidense, los investigadores han observado mejoras declaradas en diversos síntomas frecuentemente asociados al trastorno del espectro autista (TEA), en particular la ansiedad, la depresión y los trastornos del sueño.
El informe abarca los seis primeros años durante los cuales el autismo se reconoció como una afección que daba acceso al programa de cannabis medicinal de Minnesota. Su objetivo no era llevar a cabo un ensayo clínico, sino analizar la experiencia real de los pacientes, sus compras, la evolución de varios síntomas y los efectos adversos notificados.
Más de 1 600 pacientes usuarios de cannabis medicinal estudiados
Entre agosto de 2018 y julio de 2024, 1 811 pacientes con TEA se inscribieron por primera vez en el programa médico de Minnesota. De ellos, 1 645, es decir, el 90,8 %, compraron cannabis medicinal al menos una vez y constituyen la población principal analizada en el informe.
La cohorte destaca, sobre todo, por su juventud. La edad media en el momento de la inscripción era de 20 años, mientras que el 47,7 % de los participantes tenía menos de 18 años. Los perfiles de consumo variaban notablemente según la edad: entre los menores, el 85,3 % de los productos adquiridos estaban destinados a la administración oral, mientras que los productos inhalados representaban el 68 % de las compras entre los adultos.
Las preferencias en cuanto a cannabinoides también variaban. Los pacientes menores de 18 años compraban principalmente productos orales ricos en CBD en comparación con el THC, o que presentaban una proporción más equilibrada. Los adultos estaban más representados entre las compras de productos con un alto contenido de THC.
La ansiedad, principal síntoma notificado
Para evaluar la evolución de los pacientes, el programa utilizaba una autoevaluación centrada en ocho síntomas: ansiedad, falta de apetito, depresión, trastornos del sueño, fatiga, náuseas, dolor y vómitos. Su intensidad se evaluaba en una escala del 0 al 10. Se consideraba una evolución clínicamente significativa una reducción de al menos el 30 % de la puntuación inicial.
La ansiedad era especialmente frecuente. Al inicio del seguimiento, el 88,3 % de los pacientes afectados refería ansiedad de moderada a grave. De ellos, el 57 % declaró una disminución de al menos un 30 % en su puntuación de ansiedad en los cuatro meses siguientes a su primera compra de cannabis medicinal.
Entre los pacientes que alcanzaron inicialmente este nivel de mejora y de los que se disponía de los datos necesarios para el seguimiento, el 67,4 % lo mantuvo durante al menos cuatro meses más. En relación con el conjunto de participantes que padecían inicialmente ansiedad de moderada a grave, el 34,3 % logró y mantuvo esta mejoría.
Depresión y sueño: otras mejorías observadas
Los resultados no se limitan a la ansiedad. Entre los participantes que presentaban inicialmente una depresión de moderada a grave, el 63,4 % informó de una reducción de al menos el 30 % en su puntuación durante los primeros cuatro meses. El informe indica que el 41,3 % de los pacientes afectados logró finalmente esta mejora y la mantuvo.
Según la tabla resumen del estudio, esta proporción también alcanzó el 37,3 % en el caso de los trastornos del sueño y el 34,4 % en el de la fatiga.
Los testimonios recopilados por el programa ilustran cómo percibían estos cambios algunos participantes. Uno de ellos afirma: «Tengo la impresión de que mi ansiedad relacionada con el autismo se ha calmado un poco. Me ayuda a dormir un poco mejor. Alivia un poco el dolor causado por la depresión».
Otro testimonio describe: «Disminución de la ansiedad, disminución de los comportamientos agresivos, disminución de los comportamientos de autolesión, mejora notable del sueño, disminución de las crisis, mejor apetito».
Estas declaraciones son, naturalmente, experiencias individuales y no permiten, por sí solas, medir la eficacia de un tratamiento.
También se han estudiado los cambios conductuales
Los investigadores también se han centrado más específicamente en los comportamientos asociados al trastorno del espectro autista mediante el cuestionario ABC-2, que evalúa, entre otros aspectos, la irritabilidad, la hiperactividad, el letargo, los comportamientos repetitivos y ciertas formas de lenguaje inapropiado.
Entre los 46 pacientes que completaron el cuestionario al inicio del programa y diez semanas después, se observó una disminución estadísticamente significativa de las puntuaciones en todos los ámbitos evaluados. En este caso, una disminución de la puntuación se corresponde con una reducción de la presencia o la gravedad de los comportamientos medidos.
No obstante, este dato debe interpretarse con especial cautela: estos 46 participantes solo representaban el 3,9 % de las personas elegibles para esta parte del análisis. Los propios autores reconocen que los pacientes que observaron beneficios podrían estar sobrerrepresentados en esta muestra.
Un estudio en la vida real, con importantes limitaciones
La amplitud del registro de Minnesota confiere un interés especial a estos resultados, pero su naturaleza observacional impide concluir que el cannabis medicinal sea la causa de las mejoras observadas.
Todos los participantes consumían cannabis medicinal. Por lo tanto, no existía ningún grupo de placebo ni grupo de control que permitiera comparar su evolución con la de pacientes que no lo consumían. El informe tampoco disponía de información suficiente sobre otros medicamentos, terapias o cambios en el tratamiento que pudieran haber influido en los síntomas.
Otra limitación destacable: una gran parte de la cohorte era menor de edad. En algunos casos, los cuestionarios los rellenaba un progenitor u otro adulto, lo que significa que los datos mezclan la autoevaluación de los pacientes y la valoración de terceros.
Datos que, sobre todo, refuerzan la necesidad de investigación
Los resultados del Minnesota vienen, en definitiva, a enriquecer una literatura científica aún limitada y, en ocasiones, contradictoria sobre los cannabinoides y el autismo. El propio informe recuerda que los pocos ensayos clínicos realizados hasta la fecha han arrojado resultados variables en función de las formulaciones utilizadas y los síntomas estudiados.
Por lo tanto, los autores se muestran cautelosos: los pacientes diagnosticados con TEA informaron de una reducción de la ansiedad y, en un subgrupo, de una disminución de ciertos síntomas conductuales tras comenzar a tomar cannabis medicinal. Sin embargo, estas asociaciones no constituyen una demostración de su eficacia terapéutica.
Otro ensayo clínico aporta datos complementarios
Estas observaciones coinciden con un ensayo clínico presentado recientemente por Newsweed sobre el NTI164, un extracto oral de cannabis especialmente rico en CBDA. El ensayo HARMONY, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, se llevó a cabo con niños y adolescentes con TEA. Tras ocho semanas, los investigadores observaron, entre otras cosas, diferencias estadísticamente significativas a favor del NTI164 en determinados parámetros relacionados con la ansiedad, el estado de ánimo, el funcionamiento adaptativo y el comportamiento social. No obstante, los resultados fueron más dispares en otros criterios, especialmente en lo relativo al sueño.
A diferencia de los datos observacionales de Minnesota, este ensayo contaba con un grupo de placebo, pero se basó en una muestra mucho más reducida: 54 participantes completaron su fase controlada. Ahora, un estudio de fase III, Beyond Harmony, evaluará el NTI164 en un grupo de hasta 200 niños. Estos dos trabajos aportan así información complementaria, aunque en esta fase no permiten considerar los cannabinoides como un tratamiento consolidado para el autismo.
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