Casi un año después de tomar posesión de su cargo, el Vicepresidente Robert Hungley ha hecho de la lucha contra la droga un eje central de su programa político.
En una entrevista concedida a la prensa mauriciana, expuso su enfoque, reconoció las carencias institucionales y abrió el camino a un debate sobre la despenalización del cannabis como medio potencial para frenar el auge de las sustancias sintéticas entre los jóvenes mauricianos.
Un vicepresidente en primera línea
Presentándose como un líder decidido a atajar una crisis que califica de nacional, social y económica, Robert Hungley asegura que creció en una región en la que ya existía el consumo de cannabis, pero «no se cobraba ninguna víctima», muy lejos de la situación actual marcada por el meteórico auge de las drogas de síntesis en los mismos barrios.
La vicepresidenta insistió en la necesidad de abordar la drogadicción con empatía. «Estigmatizar es un grave error», recuerda, y aboga por la movilización colectiva en lugar de la marginación. Aunque aborda el tema con regularidad en actos oficiales, asegura que ha dedicado principalmente sus primeros meses a reunirse con ONG, fuerzas de seguridad, líderes religiosos y comunidades locales para conocer la realidad sobre el terreno.
Según él, el narcotráfico afecta ahora a «todas las regiones del país» y debilita el desarrollo de Mauricio al afectar directamente a su mano de obra. Para responder a esta situación, Hungley apuesta por tres pilares: prevención, educación, y una mayor presencia en los barrios más expuestos.
Expectativas y frustraciones en torno a la NADC
Una parte importante de la estrategia nacional depende de la Agencia Nacional de Control de Drogas (NADC), una institución ampliamente criticada por su lentitud y limitado impacto. Hungley reconoce esta frustración, haciéndose eco de los comentarios realizados recientemente por el Primer Ministro Navin Ramgoolam.
Pero pide paciencia: «La NADC se está tomando su tiempo (…) Pero no disparemos a la ambulancia» Subraya la larga experiencia de su presidente, Sam Lauthan, y pide «críticas constructivas» en lugar de buscar chivos expiatorios. Según Hungley, la agencia necesita una mayor capacidad operativa y procedimientos de contratación más claros y rápidos si quiere ser eficaz sobre el terreno.
En uno de los temas más delicados, la despenalización del cannabis, Hungley adopta una postura abierta. Reconociendo que sus opiniones han evolucionado, insiste en que el debate es legítimo y debe contar con la participación de científicos y comparaciones internacionales.
«La propuesta de utilizar el cannabis como alternativa a las drogas químicas es un debate que tiene su lugar (…) Si despenalizar el cannabis puede ayudar a los jóvenes a dejar su adicción a las drogas sintéticas, ¿por qué no?»
Sin respaldar explícitamente la reforma, el vicepresidente explicó que apoyaría la dirección favorecida por el público y los responsables políticos, siempre que el enfoque fuera serio, basado en pruebas y adaptado a las realidades locales, incluso en Rodrigues, donde los problemas de drogas entre los jóvenes son agudos.
Un reto social más amplio
Más allá de la aplicación de la ley, Hungley subraya las causas estructurales de la crisis: pobreza, falta de oportunidades y barrios privados de instalaciones culturales o de ocio. Pide a los municipios y a la sociedad civil que tomen iniciativas en lugar de depender únicamente de los líderes políticos.
En cuanto al apoyo a las familias, una dimensión a menudo descuidada, Hungley reconoce las deficiencias existentes, pero promete nuevas medidas como parte del plan de acción de la NADC.
El vicepresidente concluyó con un llamamiento a la unidad: el objetivo no es castigar, sino «apoyar con dignidad» a las personas atrapadas en la adicción y ayudarles a reconstruir sus vidas. Para él, la lucha debe trascender las divisiones políticas: «El trabajo debe hacerse por consenso