El cannabis en Francia

Francia cuenta ya con 3.000 puntos de venta de cannabis. Ninguno de ellos es legal.

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Francia cuenta con miles de puntos de venta, cinco millones de consumidores anuales de cannabis y un mercado que mueve varios miles de millones de euros. Sin embargo, la venta de cannabis a adultos sigue estando prohibida. Una paradoja que las cifras oficiales permiten cuantificar.

Según la cartografía del tráfico de estupefacientes en Francia en 2024 publicada por el Gobierno, se registraron unos 3.000 puntos de venta en todo el territorio. Una cifra que abarca todas las drogas, y no solo el cannabis, pero que da una idea de la magnitud de las redes de distribución.

El número de puntos de venta registrados ha descendido desde entonces a 2.543 a 30 de junio de 2026, según la OFAST. Un descenso que no implica necesariamente una contracción equivalente del mercado, ya que las entregas a domicilio y las ventas a través de las redes sociales se han expandido considerablemente.

Cinco millones de clientes potenciales

Según los últimos datos de referencia del Observatorio Francés de Drogas y Tendencias Adictivas (OFDT), cinco millones de franceses consumieron cannabis en 2023, de los cuales unos 900 000 lo hacían a diario. En total, 18 millones de adultos afirman haberlo consumido al menos una vez en su vida.

Por lo tanto, Francia ya cuenta con una clientela considerable, circuitos de abastecimiento, redes de distribución y precios de mercado. En 2023, el gramo de hierba se vendía a unos 10 euros, frente a los 8 euros de la resina. Por otra parte, estos precios no han variado hasta la fecha, lo que indica cierta resistencia del mercado frente a las operaciones «cuádruple XL» de los distintos Ministerios del Interior.

La OFDT estimaba el mercado francés del cannabis en 1.200 millones de euros ya en 2017. Una estimación algo antigua que ilustra el peso económico de un producto cuya venta sigue estando prohibida. Por nuestra parte, nuestra estimación se situaba más bien entre 2.300 y 4.000 millones de euros.

Y, a diferencia de un mercado regulado, esta actividad escapa a la fiscalidad comercial habitual, a los controles de calidad y a las normas que regulan la venta a menores, entre otras cosas.

Un mercado que no ha esperado a la legalización

El debate francés sobre la legalización del cannabis se basa a menudo en la idea de que autorizar su venta equivaldría a crear un nuevo mercado. Sin embargo, las cifras nos indican que este mercado ya existe, con sus consumidores, sus proveedores, sus distribuidores, sus márgenes, sus ofertas promocionales y sus marcas.

La prohibición no ha impedido su desarrollo, sino que ha dejado gran parte de su distribución en manos de redes clandestinas, con la violencia y las economías criminales que pueden acompañarlas.

La legalización, evidentemente, no haría desaparecer de forma automática y completa el tráfico. Las experiencias en otros países demuestran que el precio, la fiscalidad, la accesibilidad de los productos y las restricciones impuestas a los comercios desempeñan un papel determinante en la capacidad de un mercado legal para competir con la oferta ilícita.

No obstante, un marco regulado permitiría plantearse controles sanitarios, restricciones de edad, la trazabilidad de los productos y la recaudación de impuestos. También plantearía cuestiones de salud pública, en particular sobre la prevención del consumo problemático y la protección de los menores.

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