La adopción de la enmienda 3058 al artículo 23 del proyecto de ley de finanzas de 2026 supone un duro golpe para el sector francés del cáñamo CBD. Presentada como un compromiso entre el proyecto inicial del gobierno y la posición del Senado, la nueva redacción pretende remodelar por completo el marco jurídico y fiscal que rige los productos derivados del cáñamo, equiparándolos a los productos del tabaco con una fiscalidad usurera.
A pesar de las garantías dadas en la exposición de motivos, muchos profesionales ven en este texto una amenaza existencial para un sector que ha crecido rápidamente en los últimos ocho años.
Del cáñamo legal al «tabaco manufacturado»
En el centro de la controversia se encuentra una redefinición fundamental de lo que constituye un producto manufacturado del tabaco. El artículo L. 314-3 modificado adopta ahora una definición extremadamente amplia, que incluye «sustancias distintas del tabaco que pueden fumarse» o calentarse (y, por tanto, vaporizarse). Esta redacción no distingue entre tabaco, productos a base de nicotina, mezclas de hierbas o flores de cáñamo. Por consiguiente, las flores de CBD y otros productos de cáñamo inhalables se consideran tabaco manufacturado a efectos fiscales y reglamentarios.
Este cambio dista mucho de ser simbólico. Para los productos destinados a ser fumados o calentados, el tipo aplicable del impuesto especial es del 51,4%, combinado con un arancel por kilogramo y un nivel mínimo de imposición.
Los sindicatos, que llevan trabajando en el tema desde las primeras lecturas del PLF 2026, no tardaron en reaccionar. La Union des Professionnels du CBD (UPCBD) calificó la medida de «clara señal política» que indica que el sector francés del CBD se considera prescindible. Según el sindicato, el efecto combinado de los impuestos especiales, los ajustes del IVA y un estricto régimen de licencias conduciría mecánicamente al cierre del 90-95% de las tiendas CBD existentes.
Francia cuenta actualmente con casi 2.000 tiendas especializadas en CBD, la mayoría de las cuales son PYME independientes o microempresas. Según la UPCBD, estas tiendas desempeñan un papel central en la trazabilidad de los productos, la información al consumidor y el cumplimiento de las restricciones de edad. La UPCBD calcula que el sector genera unos 1.100 millones de euros en ventas, mantiene 30.000 empleos directos y aporta más de 320 millones de euros anuales a los ingresos públicos. El colapso de este ecosistema, advierte el sindicato, supondría la pérdida de entre 20.000 y 25.000 empleos y un coste social neto de más de 600 millones de euros al año.
La agricultura, entre dos fuegos
Más allá del comercio minorista, la dimensión agrícola es igual de sensible. En Francia se cultivan cerca de 25.000 hectáreas de cáñamo y unas 1.000 explotaciones dependen del CBD como fuente adicional de ingresos. Aunque el 80-85% del CBD consumido en Francia sigue siendo importado, el sector nacional se ha estructurado progresivamente en torno a la trazabilidad, las normas medioambientales y la creación de valor local.
Al hacer que el CBD producido en Francia sea menos competitivo mediante impuestos, los críticos afirman que el artículo 23 fomentará paradójicamente las importaciones y el mercado paralelo. La Association Française des Professionnels du Chanvre (AFPC) establece explícitamente un paralelismo con el contexto más amplio de los acuerdos de libre comercio como Mercosur, sugiriendo que la medida sacrifica un sector nacional regulado al tiempo que abre la puerta a productos extranjeros más baratos producidos con normas sociales y medioambientales menos estrictas.
Otro motivo de preocupación es la reintroducción de un sistema de autorización para la venta al por menor de productos CBD y vaping. Según el texto modificado, la venta se limitaría a dos categorías de puntos de venta: los estancos autorizados y los establecimientos titulares de una licencia -aún por crear- expedida por el Estado bajo condiciones de honorabilidad, formación y aptitud.
La AFPC advierte que este marco podría reintroducir de hecho una forma de monopolio en beneficio de los estancos. Aunque el Gobierno niega cualquier intención de transferir la venta de CBD exclusivamente a los estancos, la carga administrativa y la incertidumbre en torno a las autorizaciones podrían eliminar la mayoría de los estancos existentes. Para el PSAC, la situación es «letal» para el sector, aunque el cuchillo no caiga mañana. Si se valida definitivamente, la aplicación de este proyecto llevará tiempo, necesario para crear nuevas categorías fiscales y expedir las licencias.
Recurso europeo limitado
A escala europea, el panorama es poco tranquilizador. Bélgica y Austria ya han introducido impuestos especiales sobre los productos con CBD destinados a ser fumados, sentando un precedente que nunca podría ser impugnado ante los tribunales europeos. Aunque la sentencia Kanavape protege la libre circulación de productos de CBD legales, no prohíbe a los Estados miembros imponer impuestos internos, siempre que no sean discriminatorios. Esto deja a Francia con un amplio margen de maniobra y a la industria con recursos legales limitados a corto plazo.
Desde el punto de vista del procedimiento, la situación sigue siendo inestable. La utilización de herramientas legislativas rápidas, en particular la posibilidad de recurrir al artículo 49.3 o a ordenanzas, alimenta la incertidumbre entre los profesionales. Como señala la AFPC, estos mecanismos permiten al Gobierno eludir el debate parlamentario tradicional, pero también pueden anular la enmienda votada.
Los dos sindicatos reclaman ahora una acción inmediata, no sólo del sector, sino también de los consumidores. Su mensaje es claro: sin una presión política y pública visible, el sector del CBD corre el riesgo de convertirse en una víctima colateral de la racionalización fiscal y del simbolismo de la salud pública.
Además, el sector no rechaza la fiscalidad o la regulación per se, sino que lleva tiempo reclamando un marco adaptado al perfil de riesgo real del CBD, como un IVA claro del 20% sin impuestos especiales.