El Congreso de Nueva Caledonia aprobó el 5 de junio de 2026 un ambicioso plan estratégico destinado a estructurar una auténtica cadena de valor del cáñamo en el territorio.
A través de una hoja de ruta que abarca el periodo 2026-2030, los representantes electos pretenden convertir el cáñamo industrial en un motor de diversificación económica, desarrollo agrícola e innovación sanitaria en un contexto marcado por las dificultades económicas del archipiélago.
Una respuesta a la crisis económica de Nueva Caledonia
Nueva Caledonia atraviesa desde hace varios años un período económico especialmente difícil. Tras los disturbios de mayo de 2024 y el colapso del sector del níquel, el territorio busca nuevos motores de crecimiento. En este contexto, el desarrollo de una cadena de valor del cáñamo tropical se ha perfilado como una oportunidad estratégica.
El documento aprobado señala que el mercado mundial del cáñamo podría pasar de 9.47 mil millones de dólares en 2024 a cerca de 48 mil millones de dólares de aquí a 2032. Los responsables del proyecto estiman que Nueva Caledonia cuenta con ventajas climáticas y geográficas que le permiten posicionarse en este mercado en plena expansión.
Según el plan: «No se trata de cannabis, sino de un cultivo agrícola regenerador, generador de empleo local, que permite producir nuestros propios materiales de construcción y nuestros propios aceites alimentarios, así como reducir nuestras importaciones. Nueva Caledonia tiene la oportunidad de convertirse en un territorio pionero en el cultivo del cáñamo tropical».
El objetivo declarado es desarrollar a nivel local materiales de origen biológico, semillas alimentarias, aceites vegetales, proteínas, así como extractos ricos en CBD y CBG, al tiempo que se reduce la dependencia de las importaciones.
Seis ejes para construir una cadena de valor completa
El plan estratégico se basa en seis grandes objetivos.
El primero consiste en afianzar el marco legal. Las autoridades desean definir claramente el cáñamo como una variedad de Cannabis sativa L. con un contenido máximo del 0,3 % de THC, de conformidad con las normas internacionales. Se elaborará una lista de variedades autorizadas que se actualizará cada año.
El segundo eje tiene como objetivo estructurar la producción agrícola. Tras las pruebas piloto realizadas, el proyecto prevé la creación de una red de parcelas repartidas entre las diferentes provincias con el fin de limitar los riesgos climáticos y garantizar una producción regular. Los contratos entre productores y cooperativas deberían garantizar unos volúmenes y unos precios mínimos.
Paralelamente, se creará un banco de semillas local para garantizar la disponibilidad de material genético adaptado a las condiciones tropicales del territorio.
Uno de los principales retos del plan es mantener el valor añadido en el territorio. Para ello, Nueva Caledonia desea establecer sus propias infraestructuras de transformación.
Las futuras plantas de producción podrían fabricar aceites, harinas, materiales de construcción a base de cáñamo, fibras textiles y productos destinados a la exportación. También está previsto un sistema completo de trazabilidad y control de calidad para cumplir con los requisitos de los mercados internacionales.
Las autoridades también barajan la creación de una etiqueta «Chanvre NC», destinada a certificar el origen y la calidad de los productos locales.
Una ambición de exportación hacia el Pacífico
El proyecto no se limita al mercado interior. Los redactores del plan identifican varios mercados regionales potenciales, en particular en Australia, en Nueva Zelanda, en Japón, en Corea y en Polinesia Francesa.
El objetivo es convertir a Nueva Caledonia en una referencia del cáñamo tropical en la región del Pacífico. El documento prevé el desarrollo de productos específicamente adaptados a la exportación, en particular flores ricas en CBD, variedades ricas en CBG, semillas comestibles y materiales de origen biológico.
Para respaldar esta estrategia, los autores del plan también mencionan la creación de un régimen similar al de una zona franca con el fin de mejorar la competitividad de las exportaciones locales.
El CBD y el CBG con fines médicos en el punto de mira
Las autoridades desean crear un marco específico que permita el uso del CBD y el CBG con fines terapéuticos regulados. Se podrían poner en marcha ensayos clínicos sobre problemas como los trastornos del sueño, la ansiedad leve o ciertos dolores crónicos.
El plan prevé también la creación de un comité científico específico, así como el desarrollo de una cadena de extracción local que utilice, entre otras, tecnologías como el CO₂ supercrítico.
Los productos destinados a estos usos deberían presentar un nivel de THC indetectable y distribuirse exclusivamente a través de un circuito médico controlado.
Una herramienta de prevención contra las adicciones
Los autores del plan también establecen un vínculo entre el desarrollo del sector del cáñamo y las políticas de salud pública.
Nueva Caledonia se enfrenta a un elevado consumo de cannabis ilícito, especialmente entre los jóvenes. El documento menciona que más de la mitad de los jóvenes de entre 16 y 18 años ya habrían probado el cannabis y que aproximadamente un tercio lo consumiría de forma habitual.
En este sentido, los responsables del proyecto desean utilizar productos a base de CBD y CBG como herramientas complementarias en determinadas iniciativas de reducción de riesgos y acompañamiento.
En concreto, se está barajando una campaña informativa en torno al mensaje: « El cáñamo relaja, no atonta»
El plan prevé asimismo la introducción de un módulo educativo titulado «Cáñamo ≠ Cannabis» en los centros educativos con el fin de distinguir claramente los usos del cáñamo industrial de los del cannabis con fines recreativos.
Una hoja de ruta hasta 2030
Con esta deliberación, Nueva Caledonia se dota por primera vez de una estrategia completa que abarca toda la cadena de valor del cáñamo: producción agrícola, transformación industrial, exportación, investigación médica y prevención.
Ahora queda por convertir esta hoja de ruta en logros concretos. Si se alcanzan los objetivos, el territorio espera convertirse, de aquí a 2030, en uno de los principales centros de cáñamo del Pacífico.
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