Los primeros resultados significativos del Experimento «Gesloten Coffeeshopketen» en los Países Bajos, el experimento nacional sobre la cadena de suministro regulada del cannabis, empiezan a mostrar lo que ocurre cuando los coffeeshops pasan de un modelo tolerado, pero jurídicamente fragmentado, a un sistema controlado, desde el cultivo hasta la venta.
El panorama es matizado. En los diez municipios que participan en el experimento, los coffeeshops ofrecen una mayor variedad de productos, los precios del cannabis han bajado más que en los municipios de comparación y los clientes consideran que el cannabis tiene una mejor relación calidad-precio. La cooperación entre cultivadores, minoristas, municipios y autoridades reguladoras también se ha intensificado.
Sin embargo, la regulación no ha supuesto una transformación repentina del mercado neerlandés del cannabis. El consumo de cannabis se ha mantenido estable en general, aún no se han observado efectos claros en materia de salud pública, seguridad o calidad de vida, y el mercado ilícito del cannabis sigue funcionando en paralelo a los coffeeshops.
Estas conclusiones proceden de la primera evaluación de seguimiento realizada por el Instituto Trimbos, Breuer&Intraval y RAND Europe, a petición del WODC en nombre de los Ministerios neerlandeses de Justicia y Seguridad, así como de Sanidad, Bienestar y Deportes.
Los investigadores precisan que estos resultados siguen siendo preliminares: la duración relativamente corta del experimento no permite aún extraer conclusiones definitivas.
Un experimento neerlandés destinado a subsanar una laguna jurídica
Este experimento aborda una de las contradicciones fundamentales del sistema neerlandés de coffeeshops. La venta al por menor de cannabis bajo condiciones estrictas se tolera desde hace tiempo, mientras que el cultivo comercial y el abastecimiento de los coffeeshops seguían estando prohibidos.
En el marco de este experimento, los coffeeshops de diez municipios participantes venden cannabis producido por cultivadores autorizados. Su evolución se compara con la de diez municipios en los que se mantiene la política de tolerancia existente.
Este estudio tiene una envergadura inusual. El primer seguimiento incluyó 85 entrevistas, encuestas realizadas a 865 clientes de coffeeshops y a 441 personas que vivían o trabajaban cerca de coffeeshops, recuentos de afluencia en 143 establecimientos, así como un análisis de los mapas de 134 coffee shops. Los investigadores también recurrieron a una encuesta continua sobre las compras en el mercado ilícito y a datos policiales relativos a incidentes e infracciones relacionados con las drogas.
Esto permitió evaluar la experiencia no solo en función de las ventas o del comportamiento de los consumidores, sino también a través de sus posibles efectos sobre la salud pública, la delincuencia, las molestias, los precios y la cadena de suministro ilícita.
Mayor diversidad en los menús de los coffeeshops
Desde la medición de referencia, los menús de los coffeeshops que participan en el experimento se han diversificado, ofreciendo un mayor número de variedades de cannabis, hachís y porros. Este aumento parece más acusado que en los municipios utilizados a efectos comparativos.
La diversificación va más allá de los productos tradicionales. Los comestibles, los vaporizadores y los concentrados han ido apareciendo en una proporción cada vez mayor de los coffeeshops participantes.
A este respecto, las partes interesadas entrevistadas por los investigadores expresaron su preocupación por los productos con niveles de THC especialmente elevados. Asimismo, señalaron que la información que figura en los productos no garantiza necesariamente que los consumidores comprendan la potencia del producto o la dosis adecuada.
Sin embargo, hasta el momento los investigadores no han encontrado pruebas evidentes de un aumento de los incidentes de salud. No obstante, algunos actores abogan por unas normas nacionales más claras en cuestiones como la potencia máxima y la información que figura en los envases.
La hierba se abarata, mientras que el hachís sigue una tendencia opuesta
Los precios constituyen otro indicador de que la cadena de suministro regulada está modificando el mercado, aunque no de manera uniforme.
Los precios medios de la hierba han bajado más en los municipios que forman parte del experimento que en los municipios de comparación entre la evaluación inicial y el primer seguimiento. Esta tendencia afectó especialmente al nederwiet, el cannabis producido localmente.
El hachís, por su parte, siguió una trayectoria opuesta. Su precio medio aumentó más considerablemente en los municipios participantes, mientras que los precios de los porros preliados subieron ligeramente en ambos grupos.
El hachís constituyó una de las dificultades recurrentes de la experiencia. Durante la fase inicial, los gerentes de los coffeeshops señalaron que la oferta regulada no siempre ofrecía suficiente variedad, especialmente en lo que respecta al hachís.
Según las entrevistas, la oferta mejoró a medida que los cultivadores autorizados aumentaron su producción, lo que disipó algunas de esas preocupaciones iniciales. El resultado es que el hachís producido localmente es más caro que el importado ilegalmente.
Consumo estable
Hasta el momento, la ampliación de la oferta regulada no se ha traducido en un aumento del consumo. Los investigadores no han observado ningún cambio significativo en el número de visitantes de los coffeeshops ni en la frecuencia de sus visitas. Los hábitos de consumo también eran, en general, comparables entre los municipios participantes y los municipios de control.
Sin embargo, se observa un cambio notable en el comportamiento de compra. Los clientes de los coffeeshops «legales» compraron más cannabis por transacción que durante el periodo de referencia y valoraron su relación calidad-precio de forma más positiva. No se han observado claramente cambios similares en el caso del hachís.
Además, el hecho de comprar más gramos en cada visita no se correspondió con un aumento de la frecuencia de consumo.
También se observó un aumento más marcado en la proporción de visitantes que declararon haber consumido exclusiva o principalmente cannabis durante los 30 días anteriores. Esto podría indicar un cierto abandono del hachís, aunque los datos disponibles no establecen la razón.
Los investigadores no detectaron ningún cambio significativo en el estado de salud declarado por los participantes ni en la proporción de encuestados cuya puntuación en la Prueba de Detección de Abuso de Cannabis (CAST) indicaba un alto riesgo de consumo problemático.
El mercado ilícito del cannabis no ha desaparecido
El mercado ilícito del cannabis sigue funcionando en los municipios participantes. Los consumidores que compran fuera de los coffeeshops siguen alegando principalmente precios más bajos, una mejor relación calidad-precio percibida y la posibilidad de adquirir cantidades mayores.
Los servicios de reparto y los revendedores contactados por teléfono o a través de aplicaciones de mensajería siguen siendo los principales canales de abastecimiento. Los consumidores también siguen valorando de forma relativamente positiva los productos adquiridos ilegalmente en cuanto a características como la relación calidad-precio, los efectos, el olor y el sabor.
La cantidad media de hachís comprada por transacción ilícita ha aumentado en los municipios que participan en el experimento, mientras que ha disminuido en las zonas de comparación. Los investigadores sugieren que esto podría estar relacionado con la escasez de hachís legal durante las primeras fases del experimento, pero precisan explícitamente que los datos disponibles no permiten establecer tal relación de causalidad.
En otras palabras, el establecimiento de una cadena de suministro limitada para los coffeeshops no elimina automáticamente la distribución no regulada que compite con ella. El precio, la disponibilidad y la variedad de productos siguen influyendo en las compras de los consumidores.
Mayor transparencia
Los ayuntamientos, los cultivadores legales, los propietarios de coffeeshops y las autoridades reguladoras han señalado que los contactos son más frecuentes y que existe un mejor conocimiento del origen de los productos y de las condiciones en las que se producen. La producción, el transporte y la venta también se rigen cada vez más por procedimientos estandarizados.
El sistema de seguimiento y trazabilidad, destinado a seguir el cannabis regulado desde su cultivo hasta la venta al por menor, es el núcleo de esta estructura. Su implantación no se ha producido sin contratiempos. Los participantes han señalado problemas técnicos, cargas administrativas y dificultades para integrarlo en los sistemas de punto de venta y de gestión existentes. Varios de estos problemas parecen haber sido dificultades iniciales que ya se han resuelto.
También persisten algunas incertidumbres en relación con la normativa sobre el envasado, la información sobre los productos, los productos comestibles y la publicidad, así como sobre el reparto de responsabilidades entre las distintas autoridades de control.
Ningún cambio notable en materia de seguridad en el barrio o calidad de vida
Hasta la fecha, la experiencia ha aportado pocos indicios de un efecto significativo en las condiciones en torno a los coffee shops. Las personas que viven o trabajan en las inmediaciones han valorado su calidad de vida local con una puntuación media de entre 7,6 y 7,8 sobre 10, lo que, en general, es comparable a las cifras nacionales. La percepción de la seguridad en el barrio también se ha valorado positivamente, con una puntuación de aproximadamente un 7 sobre 10.
Algunos encuestados señalaron problemas de vagabundeo, tráfico o ruido, situaciones que se mencionaron con algo más de frecuencia en los municipios que participaban en el experimento. Sin embargo, el estudio no aporta pruebas suficientes para atribuir directamente esta diferencia a la experiencia de suministro regulado.
Los primeros resultados constituyen una instantánea, no un veredicto
El modelo neerlandés que está surgiendo no ofrece, por tanto, ni un éxito evidente ni la prueba de un fracaso.
El primer seguimiento pone de manifiesto varios cambios concretos: una mayor diversidad de productos a base de cannabis, una bajada de los precios de la hierba, una mejor percepción de la relación calidad-precio y una relación más transparente entre los productores autorizados, los coffeeshops y las autoridades públicas.
Al mismo tiempo, el abastecimiento de hachís ha resultado más difícil, los productos con alto contenido en THC plantean cuestiones de salud pública y el mercado ilícito sigue siendo una fuente alternativa para los consumidores.
En cuanto a muchas de las grandes cuestiones políticas que plantea esta experiencia (consumo, salud, delincuencia, seguridad y calidad de vida en los barrios), los investigadores no han observado hasta ahora ninguna diferencia notable entre los municipios participantes en el experimento y los municipios de control.
Esta ausencia de efecto inmediato es significativa en sí misma, pero aún no constituye una respuesta definitiva. Se trata de la primera evaluación de una serie de seguimientos en el marco de una evaluación plurianual. La verdadera prueba consistirá en determinar si los primeros cambios perdurarán una vez que la cadena de suministro regulada haya superado su fase inicial y si un sistema de producción legal que funcione a pleno rendimiento podrá, a la larga, modificar la relación entre los coffeeshops neerlandeses, los consumidores y el mercado ilícito.
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